Las Reglas Básicas del Juego del Emprendimiento
- Jorge Ardila

- hace 5 días
- 4 Min. de lectura
Actualizado: hace 5 días

Hola comunidad, feliz año 2026!
Jorge aquí, con un nuevo artículo para la comunidad emprendedora latina en el Okanagan.
Este es para quienes sienten que están trabajando muchísimo, pero avanzando “demasiado lento”. Ese sentimiento suele pegar fuerte en Febrero: se acaba el impulso del año nuevo y empiezan a aparecer las dudas incómodas.
Este artículo está pensado para emprendedores en todas las etapas del camino. Para quienes recién comienzan, para quienes ya llevan meses o años, y para quienes están en ese punto silencioso donde uno se pregunta si todo este esfuerzo realmente va a valer la pena.
Lo escribo desde mi propia experiencia y desde lo que he aprendido observando, equivocándome y conversando con otros emprendedores del camino.
Con el tiempo me di cuenta de algo importante: emprender no es solo tener una buena idea o trabajar duro.
Es aprender a moverse dentro de un sistema con reglas, muchas veces invisibles al inicio.
Algunas de esas reglas no están escritas en ningún manual. Otras sí existen, pero nadie te las explica claramente cuando llegas a Canadá como inmigrante.
Y muchas solo las entiendes después de cometer errores costosos en tiempo, dinero o energía.
Las “reglas del juego” de las que hablo aquí no son fórmulas mágicas. Son principios prácticos que aparecen una y otra vez en la experiencia real de quienes emprenden. Entenderlas antes puede marcar una gran diferencia.
Las reglas básicas del juego
El episodio del podcast Latino Sin Filtro donde Humberto Morales habla de su experiencia fue una referencia fuerte para mí porque puso en palabras muchas cosas que otros también estamos viviendo.
1. “Solo es real si firmas”
Hay una frase que se repite en el episodio y que aplica perfectamente al emprendimiento: “solo es real si firmas”. Yo le agregaría: y pagas.
Apenas uno firma y paga, ahí empieza todo de verdad. En negocios, “firmar” puede significar registrar tu empresa, sacar permisos, ordenar finanzas, firmar contratos o tomar una decisión real.
Si todo está solo en la cabeza, el negocio todavía no existe.
2. La vida te va a tirar curvas
Lo importante no es evitarlas, sino aprender a adaptarse.La vida no avanza en línea recta. El mercado cambia, los costos suben y los planes se rompen.
Cuando resolví el registro de mi empresa pensé que lo más difícil había pasado, pero enseguida llegaron los retos de licencias, proveedores y distribución. Y sé que después vendrán otros.
La fuerza no viene de ser rígido, sino de ajustarse rápido.
3. Nadie te compra al inicio
“Seis meses sin vender nada y luego el socio se va.” Es una historia real y dura.
Al inicio se siente personal, pero no lo es. Son solo negocios.
En mi caso, hubo momentos en los que pensé que si no se vendía nada era señal de cerrar. Con el tiempo entendí que mi mercado no comprendía bien para qué servía mi producto. Ajusté diseño y mensaje, y eso cambió todo.
4. Tu relación con el dinero también emprende contigo
Esto es profundamente cultural.Desde niños absorbemos mensajes sobre el dinero que luego influyen en cómo gastamos, ahorramos y tomamos decisiones.
La regla 50/30/20 que menciona Humberto no es una receta universal, pero sí una forma útil de empezar a poner orden y conciencia.
5. “No dejes que nadie apague tu foco”
Motivarse solo es difícil, pero es posible.Ver cómo otros han emprendido ayuda.
Libros como La psicología del dinero de Morgan Housel o 12 meses para un millón de Ryan Daniel Moran me ayudaron a enfocarme en avanzar, no en todo lo malo que podría pasar.
Creer en ti es clave, pero también evaluar, probar y ajustar constantemente.
6. En Canadá, la estructura importa
En muchos países latinoamericanos existe la idea de “empiezo como sea y después arreglo”. Aquí, ese “después” puede salir caro.
Multas, impuestos mal manejados y contratos débiles pueden poner en riesgo todo. Consultar a un experto temprano no es un gasto: es una inversión.
Cómo aplicar estas reglas en la vida real
Aquí es donde todo baja a tierra.
Define qué estás construyendo en una sola frase
Algo que a mí me ayudó mucho fue escribir, de forma muy simple, qué hago, a quién ayudo y qué problema resuelvo.
Esto me ayudó a enfocarme y dejar de dispersarme.
Trabaja con ciclos cortos
Dividir el proyecto en pequeñas porciones reduce la presión.Yo dejé de pensar en metas de 12 meses y empecé a trabajar en ciclos de 30 días.
Cada día, algo pequeño que te acerque al objetivo.
Identifica las reglas que todavía no dominas
No se trata de saberlo todo, sino de reconocer qué necesitas aprender: licencias, impuestos, precios, márgenes, contratos o construcción de confianza.
La claridad evita frustración.
Construye comunidad antes de pedir ventas
Cuando nadie compraba, Humberto decidió salir, voluntariar, conocer gente y hacerse visible.No fue marketing. Fue humano.
Para mí también ha sido difícil, pero en voluntariado, es donde más he aprendido.
Busca ayuda profesional cuando toca
No para que otros hagan todo por ti, sino para evitar errores caros por desconocimiento.
Conclusión
Si te sentiste identificado con este artículo, no estás solo.Emprender como inmigrante trae doble carga: idioma, sistema, cultura, dinero y soledad.
Pero también trae algo poderoso como creatividad, ganas de construir y una comunidad que crece cuando se apoya.
Ven y compruébalo por ti mismo en uno de nuestros eventos.Te invito al próximo encuentro de Latin Entrepreneur Network, este miércoles 11 de febrero de 2026.
Si este texto te ayudó, compártelo con alguien que también lo necesite.Gracias por leer hasta el final. Nos vemos en el próximo artículo.




